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El otro hogar de la Palma de Cera

Palma de cera (Ceroxylon quindiuense) en Roncesvalles, Tolima (Colombia).
Foto por Rocío Sánchez

Sin temor a equivocarme me atrevo a decir que, para la mayoría de los colombianos, el lugar ideal para admirar la palma de cera, nuestro árbol nacional, es en ese pequeño pueblo de montaña en el Quindío, llamado Salento. Pero si a mí me preguntan en dónde me enamoré de la majestuosidad y elegancia de esta palma, no dudo ni siquiera cinco segundos en contestar algo completamente distinto. Para mí, el amor no sólo por la palma de cera, sino también el amor por el campo y las montañas se relaciona con un lugar llamado Roncesvalles. Contrario a Salento, probablemente muy pocos han escuchado este nombre. Quizás ese nombre les traiga a la memoria a ese pueblo español en los Pirineos, que marca la frontera con Francia. Pero no, el Roncesvalles de mis amores, también es un municipio de frontera, pero está ubicado en Colombia. Es el último rincón del Tolima justo en aquel punto donde limitan los departamentos del Tolima, el Valle del Cauca y el Quindío.

Solamente las vueltas de la vida pueden llevar a alguien a un rincón tan escondido en las montañas colombianas; porque, aunque Roncesvalles sólo está separado por 110 km de Ibagué, la capital del Tolima, el mal estado de esa carretera siempre olvidada hace que la jornada sea larga y pedregosa. Hace más de treinta años la vida y sus vueltas llevaron a mi papá a visitar  esa región por primera vez, y desde ese momento quedó tan perdidamente enamorado que decidió comprar una finca. Yo sinceramente les confieso, que es imposible no enamorarse de esas montañas verdes, esos ríos de aguas cristalinas, esos valles de páramos infinitos y por supuesto de la palma de cera dama y señora de las montañas. Con ese amor absoluto por el campo, íbamos en familia a Roncesvalles a pasar desde muy pequeños todas las vacaciones en la finca. Y fue así como mi hermano y yo, aprendimos a manejar las riendas del caballo, muchos años antes de aprender siquiera a manejar una bicicleta. En esa época, la carretera sólo llegaba hasta el pueblo, así que los caballos y las mulas eran la mejor alternativa para recorrer esos caminos veredales embarrados que conducían a la finca. Mi papá, con la calma que caracteriza a los tolimenses, no es un hombre de afanes; muchas veces la noche nos tomó por sorpresa recorriendo caminos a caballo. Gracias a eso aprendimos desde muy pequeños que el caballo tiene muy buena vista nocturna, y que lo mejor al cabalgar en la noche, es aflojar las riendas y dejarse llevar. No resulta fácil que un niño de pocos años no se duerma mientras monta a caballo durante horas y horas, así que también memorizamos canciones que cantábamos bajo la luz de la luna sin cesar.

Mi papá con su pinta de finquero. botas de caucho, jeans casi rotos y sombrero vueltiao. Cogua, Cundinamarca. (Colombia)

Gracias a la remota ubicación de Roncesvalles sus ecosistemas se conservan vírgenes y en total equilibrio; extensas áreas de bosques y páramos cubren las montañas.  El páramo es un ecosistema que cubre la alta montaña por encima de los 3400 m.s.n.m y su vegetación está compuesta por arbustos altos y árboles pequeños que descansan entre pajonales. Páramo no es una palabra que resulte muy conocida, pues este ecosistema se restringe al norte de Suramérica, pequeñas áreas del sur de Centroamérica y África oriental. Los páramos más importantes y de mayor tamaño en el mundo están localizados en la región Andina Norte de Suramérica.  Dentro de la vegetación típica de Páramo se destaca el frailejón (Espeletia) por la importante misión que este cumple. La característica más importante del páramo es que es un ecosistema que produce agua, y son los frailejones con sus hojas afelpadas los que atrapan la humedad del ambiente y la convierten en gotas que ruedan por el interior del tallo transformándose en miles de pequeños riachuelos que dan origen a los ríos. Caminar por el páramo es una experiencia alucinante, no sólo por la paz y el aire completamente puro que se respira, sino porque el suelo es un colchón húmedo de musgo cubierto por pequeñísimas plantas y flores de diferentes colores que hacen de cada paso una maravilla.  La conservación de los ecosistemas naturales en la alta montaña colombiana es vital, ya que todos los ríos que llevan agua a las ciudades o irrigan los campos de cultivo en Colombia, nacen en esos ecosistemas. Para aprender más sobre el páramo pueden visitar el siguiente enlace https://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1ramo_(biogeograf%C3%ADa)#Vegetaci%C3%B3n

Páramo de la Yerbabuena. La altura de los frailejones demuestra el perfecto estado de conservación en el cuál se encuentra el páramo. Roncesvalles, Tolima. (Colombia)

Mis papás desde muy pequeños nos inculcaron la importancia de cuidar y respetar la naturaleza; siendo esa la misma filosofía que se siguió desde el principio en lo relacionado al manejo de la finca. Siempre acompañando aquellos pastos donde las vacas de leche se alimentan, se conservan esos bosques húmedos profundos que caracterizan la alta montaña. La ganadería puede ser una amenaza para el medio ambiente cuando no se maneja correctamente; pero cuando esa actividad se realiza de una manera responsable, es posible proveer leche y carne para la alimentación humana y de la mano garantizar la protección de los ecosistemas circundantes. Aún hoy, gracias a los trabajos de conservación que se han llevado exitosamente por años en las montañas de Roncesvalles, es posible encontrar en aquellos bosques animales salvajes endémicos de la alta montaña andina como el venado de cola blanca (Odocoileus goudotii), oso de anteojos (Tremarctos ornatus), y hasta pumas (Puma concolor), por no nombrar miles de especies de aves y otros pequeños mamíferos. De la misma manera, las fuentes de agua se conservan intactas, para garantizar la calidad y cantidad de las aguas de ríos, quebradas y riachuelos que abundan en la región.

La vida de finca, siempre rodeada de vacas y caballos. Roncesvalles, Tolima (Colombia)

Los habitantes de Roncesvalles están muy comprometidos con la idea de hacer que las producciones agropecuarias sean sostenibles, evitando al máximo causar daños al ecosistema; siendo esta, una idea muy importante para la situación mundial actual. Varios proyectos se llevan a cabo en Roncesvalles implementar mejoras en temas de conservación.  Dentro de estos proyectos, hay un proyecto en especial que quisiera resaltar, sobre todo porque fui testigo de como sus ideas fueron con el pasar de los años mostrando resultados muy palpables. El loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) es un ave que habita los bosques húmedos de alta montaña colombianos, y hasta hace pocos años estaba reportado como una especie en alto peligro de extinción. El riesgo de extinción de esta especie es muy alto, ya que sus costumbres de anidación y alimentación están directamente relacionadas con la palma de cera. La palma de cera también es una especie amenazada, pues sus ramos se utilizaban para la celebración católica del Domingo de Ramos de una manera indiscriminada, hasta cuando el gobierno colombiano decidió prohibirlo hace más de una década. Con estas ideas en mente, la Fundación Proaves en Roncesvalles tomó al loro orejiamarillo como la bandera de sus programas de conservación, logrando un aumento tan considerable en la población de estos loritos que hizo que si bien siguen siendo una especie amenazada, la taza de reproducción actual garantiza la perdurabilidad de la especie. El trabajo que la Fundación realiza abarca varios frentes, pues sus proyectos incluyen la reproducción asistida del loro con nidos artificiales, concientización de la población enfocada principalmente a los niños, campañas de donación y siembra de árboles, y compra de terrenos destinados a conservación. Su labor durante estos años ha sido muy exitosa, no sólo en lo relacionado a la conservación del loro orejiamarillo, sino también recuperando áreas de páramos que estaban anteriormente degradadas; para ellos todo mi respeto. Si quiere más información visite https://proaves.org/

Una pequeña muestra de la población de aves en Roncesvalles, Tolima. (Colombia). Fotos por Carlos Arturo Cárdenas

La palabra Roncesvalles para mi trae miles y miles de recuerdos. Las idas a la finca me acompañaron desde muy pequeña, y generé un amor tan grande por este lugar que tomé la decisión de estudiar veterinaria y zootecnia. Nada me hacía más feliz que saber que ya casi empezaban las vacaciones y yo iba poder ir a visitar esa tierra que tanto adoro. Más allá de los campos, las mañanas frías entre vacas en las que tomábamos leche recién ordeñada, o esas jornadas interminables a caballo; para mí ir a la finca significaba visitar a mis amigos, compartir aventuras, perdernos en las pasturas jugando sin necesidad de contar las horas, libertad total. Cada uno de esos momentos y cada una de esas personas con las que compartí están guardados en un espacio muy importante de mi corazón; y todos los días agradezco a esas coincidencias de la vida que llevaron a mi papá a Roncesvalles.

Si quieren conocer la palma de cera, no duden en visitar Salento que es un pueblito increíblemente hermoso con sus casas pintadas de diferentes colores y ese sabor de trucha traído de las montañas. Pero, cuando piensen en palma de cera, en montañas, en trucha fresca guarden también en su memoria en un rinconcito pequeño ese pueblo del Tolima. Tal vez, no es tan fácil llegar a Roncesvalles pues sus vías de acceso todavía requieren mucho trabajo, pero a pesar de eso espero que las vueltas de la vida los lleven a conocer ese tesoro de las montañas. No puedo garantizar que todos tengan la suerte de ver un oso de anteojos, pues es privilegio de pocos, pero sí les garantizo que se van a llenar los ojos de aves espectaculares que adornan los bosques con sus colores vibrantes. Roncesvalles es un paraíso no solo para los amantes de la naturaleza, sino también para los amantes de la buena comida.  El quesillo, los fríjoles, la arepa de maíz recién molido y los buñuelos acompañados con una taza humeante de agua panela son la combinación perfecta para disfrutar del clima frío. Pero los más importante es que la gente de Roncesvalles es tan acogedora que usted se va a ir después de hacer muchos amigos. Al final del día, Roncesvalles no va a ser solo un pueblo más en las montañas, sino casi como su segundo hogar.

7 thoughts on “El otro hogar de la Palma de Cera”

  1. Que hermoso poema que acabas de escribir, tu narrativa y descripción me hicieron conmover, emocionar. Conozco cada rincón de mi pueblo, mi terruño por muchos años de mi niñez y adolescencia. Anhelo poder ir después de muchos años, lo más seguro es que me quiera quedar viviendo allí.

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  2. Extraordinario,real y magnifica cronica de los han vivido disfrutado y se concientizan de la preservacion de los ecosistemas, que dispone esta region de Roncesvalles Tolima, para promocionarla y hacerla conocer a toda Colombia y el mundo, felicitaciones al autor de este documento.

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  3. Que ganas de conocer el Salento de tus recuerdos. Parece en verdad un sitio muy bello, lleno de encantó natural, y con lo que a mí eso me gusta!!, un abrazo hasta tu tierra desde México.

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    1. Espero puedas visitar pronto no sólo Salento, pero también Roncesvalles! Que es el lugar sobre el cual está escrito el artículo. Amo México, su cultura, su gente, su comida…. Espero poder volver a visitar pronto….

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